Ustedes mismos con su acción deben exaltar la belleza de Lima y alimentar los ojos con su visión, día a día, hasta que el amor por ella llene el corazón de ustedes; y luego, cuando su grandeza se derrama hacía ustedes, deben reflexionar que el coraje, el sentimiento del deber y una sensibilidad especial del honor en acción, los que permiten al hombre limeño ganar todo esto y sentirse orgulloso de su gran ciudad